Venturas y desventuras
de Úrsula Corgan.

Las cosas son como son.
Excepto las que son como ella quiere que sean;
o como a ella le gustaría que fuesen.
La cuestión está en saber diferenciarlas.

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Tiempo de lectura: 4 minutos

¿Primera vez aquí? ¡Hola! Úrsula descubre el mundo a trompicones, bebiendo de la sabiduría de su familia de sangre o putativa, cosiendo las cicatrices de su corazón a golpe de hilo y sacudidas de su melena. Luciendo sus colores imposibles. Intentando (a veces fingiendo) ser una Escarlata moderna.

Si es tu primera vez en su mundo… ¿Qué tal si empiezas a conocerla en el Capítulo I?

Capítulo I. Úrsula Corgan ha vuelto

«Tenía el cabello rubio muy claro, ondulado; la piel aceitunada; los ojos grandes y rasgados (herencia materna) de un incalificable color aceite de oliva virgen o amarillo-anaranjado gatuno según el humor; la mandíbula angulosa seguida de un cuello tan esbelto como el resto de su anatomía, que vestía ropa atrevida de marca y usaba tacones de doce hasta para salir a comprar al cine vecino las palomitas de las que últimamente se alimentaba. Atormentada desde siempre por una timidez crónica que mataba a base de machetazos de valentía. Tanto que nunca nadie imaginó que tras su aparente seguridad y buen humor se escondía un pajarillo inocente muerto de miedo….»

Capítulo II. Úrsula apuesta al rojo

«Úrsula ostentaba el pintoresco nombre de «Úrsula Corgan del Río», aunque ella se sentía mucho más «del Río» que otra cosa. En todo caso, mucho más «del Río-García». Era una simbiosis imperfecta americano-andaluza en apariencia, con una dosis muy alta de carácter materno filial «del Río». Pero tenía muchísimo más de la influencia que ejercía su padrastro «García» desde que apenas cumpliera un año. A todos los efectos, Ángel era su padre, no su padrastro. En todo caso, la abuela Lola había sido en gran parte su eje vital en la infancia y, salvando muchísimo las distancias, el fondo era el mismo.»

Capítulo III. Úrsula descubre el sexo

«Se desnudaron despacio e hicieron el amor suavemente, casi con cariño, como antiguos conocidos. Estuvo bien; la hizo reír, jugaron. Se sintió más cómoda que nunca, a pesar de la poca experiencia palpable que tenía. No se corrió, pero tampoco hizo falta. Según su reciente aventura, empezaba a quedarle claro que estaba muy sobrevalorado. Tomó nota. También descubrió con sorpresa que había desaparecido todo atisbo de su vaginismo.»

Capítulo IV. Úrsula y las serpientes

«Al más puro estilo Escarlata, en los momentos de desconcierto o zozobra, Úrsula necesitaba pisar esa tierra donde se sentía segura, la que le recordaba quién era y quién quería ser. Aquella finca rústica de sierra era, como mínimo, la conexión con su niñez. Y, a la vez, irradiaba una suerte de energía positiva que despejaba sus dudas. Y si no las despejaba, al menos le cargaba las pilas. En aquel rincón remoto del sur, en invierno hacía un frío seco que quemaba la piel y, en verano, un calor abrasador que terminaba de achicharrarla. Pero para ella fue el lugar más bonito del mundo y el único lugar en el mismo en el que creía que tenía amigos.»

V. Úrsula: entre el bucle simple y los cuatro mortales carpados y medio hacia atrás

«—¡Hombre, Úrsula! Joder, cuánto tiempo. ¡Qué inesperada coincidencia! Pues tenía ganas de verte y no sabía cómo contactar contigo —le dijo un sonriente Jaime que no había perdido un ápice de su atractivo. Al revés. Estaba más «hecho», como diría la abuela Lola. —¡Hey! —le dijo Úrsula lanzándose a rodearlo entre sus brazos en un abrazo apretado, con todas sus ganas, recobrando su compostura de reina del mambo habitual. A Jaime se le notó la estupefacción en el rostro. Realmente no era un gesto muy de la Úrsula que él conocía. —¡Joder, qué guapa estás! —le espetó con los ojos brillantes, separándose un poco para admirarla de arriba abajo. —Graaacias —se limitó a decir ella, melosa, entornando los ojos y batiendo su, ahora, melena leonina de reflejos dorados, brillantes como el sol, desplegando un olor dulzón que confundía.»

VI. Úrsula y el destino

«La abuela Lola siempre decía que hay dos tipos de personas: las estrelladas y las que nacen con estrella. Úrsula se consideraba una simbiosis imperfecta de ambas, como con casi todo. Esa era su costumbre y su fatalidad: estar siempre en medio. La verdad es que tenía su lado bueno. Después de estrellarse, acudía su buena estrella a rescatarla, con lo cual siempre acababa de pie. Con un par de magulladuras más, eso sí, que curaba todo lo rápido que sus neuronas diesen de sí según el momento, la circunstancia o el tema. Tardaba poco porque casi siempre se trataba de una huida hacia delante con una venda tupida en el ojo del cogote, por si le daba por mirar atrás.»

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  1. Cierto es…. Las casualidades nunca vienen solas.. y las risas al leer este blog tampoco… me divierten mucho las anécdotas…

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