Úrsula Corgan no existe. O sí, según se mire.
Detrás de la chica de los colores imposibles hay una tal Ana, que es la que escribe. Y Ana, – o sea yo –, cuando se quita el personaje, no cuenta epopeyas. Cuenta plogs: historias en un blog nacidas de momentos plof. No, no me ha invadido el espíritu de Martes y 13, aunque bien podría haberlo hecho; no sería la primera vez. Simplemente, mis historias blogueables nacen de momentos plof. No es que vaya a sacarme el carné de plañidera. Entiéndase por momentos plof aquellos -pequeños o grandes- que despiertan en mi gracejo, curiosidad o reflexión. Y, sobre todo, aquellos que me dan un sopapo de realidad. Esos son mi favoritos.
Úrsula es lo que Ana se atreve (o no) a ser cuando se pone el personaje. Ana es lo que queda cuando se lo quita: los pies en el suelo, menos épica y más verdad, contada con humor porque es la única forma que conoce de que no le puedan.
Las dos son la misma. Y no se parecen en nada.
Si has llegado hasta aquí por las venturas de Úrsula y te apetece ver el reverso , dale al botón. Avisada quedas: cambia el tono, cambia todo. Esa es la gracia. Historietas imaginarias muy reales, dándole un toque de humor a la vida. Casi siempre.