Tiempo de lectura: 9 minutos Úrsula se consideraba una simbiosis imperfecta de ambas, como con casi todo. Esa era su costumbre y su fatalidad: estar siempre en medio. La verdad es que tenía su lado bueno. Después de estrellarse acudía su buena estrella a rescatarla, con lo cual siempre acababa de pie. Con un par de magulladuras más, eso sí, que curaba todo lo rápido que sus neuronas diesen de sí según el momento, la circunstancia o el tema. Tardaba poco porque casi siempre se trataba de una huída hacía delante con una venda tupida en el ojo del cogote, por si le daba por mirar atrás.
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V. Úrsula: entre el bucle simple y los cuatro mortales carpados y medio hacia atrás
Tiempo de lectura: 17 minutosCon lo que no contaba era con que todas esas mujeres fuertes, valientes, resilientes y duras de mollera, lo que solían vivir era un infierno romántico paralelo del que no te librabas ni con agua caliente y un estropajo.
Y que su listón de logros, victorias tras la batalla y finales felices estaría, por siempre, demasiado alto.
IV. Úrsula y las serpientes.
Tiempo de lectura: 15 minutosTres meses de fiestas nocturnas y una oferta de trabajo rechazada en una agencia -con motivos cogidos por los pelos- le habían bastado a su padre para entrar en acción. Y ella había dicho «sí», cuando tenía claro que debería haber dicho «no». No tuvo valor. Una sensación parecida al remordimiento le mariposeaba en el estómago y la cabeza.
III. Úrsula descubre el sexo.
Tiempo de lectura: 13 minutosUn par de meses después –más o menos- de aquella noche, Úrsula se puso el traje del buen humor porque el clima era más que primaveral, habían empezado las vacaciones de Semana Santa y tenían planeado pasar el sábado en la playa. El día era soleado y resplandeciente, limpio. Cuando soltaron los bártulos y acomodaron las toallas en la dorada arena de una playa casi desierta, los chicos se desnudaron por completo ante la atónita mirada de Úrsula, que no se había visto en un brete semejante en su vida.
II. Úrsula apuesta al rojo.
Tiempo de lectura: 15 minutosDe pronto, una ráfaga de viento frío despeinó los naranjos. Y entonces, igual de repentinamente, añoró tanto las calles de su infancia que se le hizo un nudo en el esófago que le iba a costar tragar.
I. Úrsula Corgan ha vuelto
Tiempo de lectura: 18 minutosTenía el pelo rubio apelmazado en jirones pegajosos de grasa, humo y sudor. Sus atractivos ojos de color indefinido reflejaban cansancio y profundo pesar, pero no pudo evitar reírse. Se reía de sí misma y de las cosas locas e inesperadas de la vida. Menuda noche.
